8 ene. 2014

ENERO 1919, EL SONIDO Y LA FURIA EN LAS CALLES

Transcurría el tórrido verano de enero de 1919, mientras las clases acomodadas comentaban los detalles del reciente casamiento del comediante Florencio Parravicini y se preparaban para el veraneo en los balnearios de la Costa Atlántica, los trabajadores vivenciaban la estrechez en los infectos conventillos.

La crisis socioeconómica se hacía sentir en los bolsillos proletarios con la suba en los alquileres, los efectos de la Primera Guerra Mundial, tenían su eco de este lado del gran océano por las restricciones en las exportaciones agropecuarias y el gobierno de Hipólito Yrigoyen se debatía en sus ambigüedades conciliadoras, mientras la alta burguesía despreciaba a lo que consideraba una “chusma adevenediza” que le disputaba espacios de poder en el parlamento y los ministerios.

Desde diciembre de 1918,  una oleada de huelgas se desplegó por todo el territorio de la región Argentina, portuarios, estibadores y hasta la policía de Rosario. Llagados a enero de 1919 se agudizó el conflicto en la empresa metalúrgica de pedro Vasena. La Sociedad de Resistencia adherida a la Federación Obrera Regional Argentina, resolvió de modo asambleario la huelga revolucionaria y el bloqueo de los galpones de abastecimiento, la respuesta de la patronal fue contratar fuerza de trabajo de esquiroles para romper con la protesta proletaria. A consecuencia de esto se dieron enfrentamientos entre los obreros en huelga y sus familias con las fuerzas represivas, que dejaron una secuela de muertos y heridos.

El gobierno de Yrigoyen declaró el Estado de Sitio, la prohibición de reuniones públicas y asambleas, movilizando a la marina de guerra, el ejército y hasta a los bomberos en la ciudad de Buenos Aires. Durante esas jornadas otras sociedades obreras adheridas a la FORA del Vº Congreso de tendencia anarco comunista, declararon la huelga solidaria con los obreros en conflicto de la empresa Vasena. Fue reprimido el cortejo fúnebre que trasladaba a los caídos por las balas estatales. Hasta el propio cementerio de La Chacarita fue escenario de la feroz represión. El gral Dellepiane era el virtual mandamás del país, Yrigoyen “dejaba hacer”, al igual que dos años después en las huelgas patagónicas.

En barrios porteños como Barracas, La Boca, Pompeya y Parque Patricios se levantaron barricadas contra las fuerzas represivas. Los cajetillas de la Liga Patriótica ultranacionalista impulsados por Manuel Carlés y monseñor D'Andrea atacaron a la población de origen judío en Villa Crespo, la novela La pesadilla, escrita en idish es un  fiel testimonio de estos hechos luctuosos.  Cientos de presos y deportados participantes en las jornadas de Enero del ´19.

Ciudades como Rosario, Córdoba y Bahía Blanca tuvieron ecos de la revuelta obrera. Con sus medidas de acción directa los trabajadores lograron la reducción de la jornada laboral  a ocho horas y el aumento de sus salarios.

Este acontecimiento debe permanecer vivo en la conciencia colectiva de todos aquellos que luchan por una sociedad sin injusticias sociales, una huelga solidaria mostró la capacidad autoorganizativa de los explotados, aun frente a la soberbia de capitalistas políticos y gobernantes.

Ardiente memoria que no debe diluirse ante la banalización vigente.

Carlos A. Solero

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